Movimiento de fotogramas dibujados o arte digital — velocidad de corte y fotogramas fijos determinan la calidad visual.
Quien dice película de animación, habla de una ilusión que solo se crea con paciencia. Tomas una foto de un personaje dibujado o modelado digitalmente, lo mueves mínimamente, tomas otra foto, y repites esto cientos de veces por segundo de duración. A 24 fotogramas por segundo, necesitas 1.440 tomas individuales para un minuto de película. La construcción fotograma a fotograma es el oficio detrás de esto, y la velocidad de corte —cuántos fotogramas hay entre dos imágenes clave— determina si el movimiento parece fluido o entrecortado y enérgico.
En la práctica, esto significa: la animación no se hace más rápido porque la historia sea más corta. Una película de animación de tres minutos te cuesta 4.320 fotogramas individuales. Cada uno debe estar bien: la pose, la expresión, la iluminación. Por eso trabajas con fotogramas clave (posiciones que definen dónde debe estar el personaje) y luego dejas que los asistentes dibujen las posiciones intermedias o que el sistema las interpole digitalmente. La velocidad de corte la decides en el plan de producción: ¿necesitas 12 fotogramas por segundo para un aspecto de cómic, o son necesarios 24 para que el movimiento parezca cinematográfico?
Los límites entre las técnicas se han vuelto fluidos. La animación por celdas (clásicamente dibujada, transferida a celuloide) es hoy un oficio para televisión y proyectos independientes. La animación 3D (personaje modelado en software, cámara e iluminación configuradas virtualmente) domina los largometrajes, donde el tiempo de renderizado y la potencia del ordenador juegan un papel masivo. El stop-motion (títeres, fotografiados fotograma a fotograma) sigue siendo la variante más física, pero requiere un diseño de set y una configuración de iluminación completos que no cambias fácilmente entre tomas.
En el set —o mejor dicho: en el estudio o en el puesto de trabajo de composición— la animación funciona con ritmos diferentes a la acción real. No puedes cambiar espontáneamente si una actuación no te convence. Cada corrección significa: retroceder la escena, borrar fotogramas, volver a animar. Por eso la previsualización —el storyboard, el animatic (storyboard animado con sonido)— es indispensable. Debes saber a qué velocidad se cuenta tu historia antes de que se cree el primer fotograma.