Unidad mínima de información digital — 0 ó 1 en binario. Ocho bits forman un byte; la profundidad de bits determina tonos y rango dinámico.
Cada imagen digital que ves en el monitor se descompone al final en bits — en ceros y unos. Un bit es la unidad más pequeña que procesa un ordenador. Ocho de ellos forman un byte, y estos bytes se apilan para formar megabytes, gigabytes y las enormes cantidades de datos que produce una producción 8K a diario. Para ti, como director de fotografía o supervisor de VFX, esto no es pura teoría: la profundidad de bits de una imagen determina si tu espacio de color se ve plano y metálico o si aún tendrás margen en la sala de etalonaje.
En la práctica, trabajas casi siempre con material de 8 bits, 10 bits o 12 bits. El 8 bits (256 gradaciones por canal) es el mínimo — para ello, cada color RGB necesita 24 bits en total. Esto es suficiente para entregas rápidas y la web, pero en escenas de exteriores o con etalonaje extremo, pierdes rápidamente gradientes de color, especialmente en las luces y las sombras. Verás entonces 'banding' — bandas poco naturales en lugar de transiciones suaves. El 10 bits (más de 1.000 millones de tonos de color) es hoy en día el estándar en la producción profesional. Cámaras como la ALEXA o la RED te proporcionan 10 bits o más, y tus flujos de trabajo de edición y etalonaje deberían conservarlo como mínimo. Necesitas 12 bits y superiores cuando filmas en RAW o juegas con correcciones de color extremas — por ejemplo, en efectos visuales, donde los compositores aún necesitan separar canales y aislar detalles.
El punto crítico: cada paso de conversión cuesta bits. Si tu cámara RAW llega en 12 bits, pero tu sistema de edición trabaja con 8 bits, has desechado información — eso no se puede recuperar. Por eso, los estudios guardan etapas intermedias en 16 bits o punto flotante de 32 bits (para composición de VFX), para mantener la máxima flexibilidad. Al entregar el material final, vuelves a reducir a 8 bits o 10 bits, dependiendo del medio de destino. Los servicios de streaming a menudo solo aceptan H.264 de 8 bits, el DCP de cine necesita 12 bits. Esta consideración debería formar parte de tu concepto ya en la planificación de la grabación — no darte cuenta en la edición de que empezaste con una profundidad de bits demasiado baja.