Rango de longitud de onda 380–750 nm que el ojo humano percibe — violeta a rojo. Las cámaras responden diferente al infrarrojo y ultravioleta, crucial para la gradación.
Entre 380 y 750 nanómetros se encuentra el rango que tu ojo percibe, desde el violeta profundo hasta el extremo rojo. Todo lo que está por debajo (ultravioleta) y por encima (infrarrojo) no existe para tu percepción visual. Este es el problema crucial en el set: tu cámara ve parcialmente diferente a ti, y eso puede generar sorpresas en las pruebas de cámara (rushes).
En la práctica, notarás esto inmediatamente en sensores con filtrado infrarrojo agresivo o en su ausencia. Las cámaras económicas o los chips antiguos a menudo tienen filtros IR débiles, lo que significa que captan la radiación térmica de las lámparas y reflectores que tu ojo ve como blanco neutro. La cámara interpreta esto como una tonalidad rosada, especialmente en las altas luces. Por el contrario: los sensores digitales modernos a menudo son hipersensibles al infrarrojo cercano, por lo que debes balancear el blanco con el color checker de forma más agresiva que antes con película. El color que ves no es el color que capta el sensor.
El espectro visible en sí se representa a través de tres canales de color (rojo, verde, azul), pero no linealmente: tu ojo percibe el verde con mayor intensidad, por eso las cámaras digitales tienen dos fotodiodos verdes por cada rojo y azul (patrón Bayer). Esto no es necesariamente incorrecto, pero explica por qué las pantallas verdes funcionan mejor que las rojas, y por qué los tonos de piel son más críticos en verde. Si trabajas con luces prácticas de un azul o rojo intenso, rápidamente te acercarás al límite de lo que el sensor puede diferenciar: el rango dinámico se reduce drásticamente en estas áreas.
En la práctica, esto significa: presta atención a la distribución espectral de tus fuentes de luz, no solo a la temperatura de color en Kelvin. Los paneles LED con un CRI (Índice de Reproducción Cromática) deficiente tienen picos y huecos en el espectro visible que tu ojo integra, pero que el sensor capta individualmente. Esto genera errores metaméricos: dos luces que te parecen idénticas producen colores completamente diferentes en la cámara. La solución: comprueba siempre con un espectrómetro, no solo a simple vista.