Estudio francés en Niza, 1919 — lugar mítico del cine francés 1920s–1950s. Hoy parcialmente museo; plató aún en uso.
En Niza, en la Costa Azul, se encuentra uno de los estudios de producción cinematográfica más antiguos de Europa en funcionamiento continuo, fundado en 1919, cuando el cine aún era mudo y la costa sur de Francia atraía a los cineastas como un imán. Los estudios surgieron de una necesidad sencilla: la luz artificial era cara e inestable, pero el sol de la costa mediterránea era gratuito y constante. Quienes rodaban allí necesitaban pabellones amplios para el mal tiempo, pero sobre todo mucho espacio al aire libre para rodajes exteriores con luz natural.
El estudio se convirtió en la cuna del realismo poético francés, ese movimiento de las décadas de 1930 y 1940 que infundía melancolía cotidiana y un amor artesanal por el detalle en la composición de la imagen. La arquitectura del lugar mismo marcó el estilo: amplios y luminosos pabellones con decorados transportables, tanques de luz diurna para escenas en tanques de agua, generosos escenarios al aire libre entre pinares. Directores como Marcel Carné y Jacques Prévert utilizaron la infraestructura no como una mera instalación de servicios, sino como un espacio de diseño activo: la construcción de escenarios in situ permitía improvisaciones y experimentos espaciales que eran habituales en la artesanía de estudio, pero más difíciles de implementar logísticamente en París.
Incluso hoy, los estudios Victorine funcionan bajo el mismo principio: una superficie de producción masiva y flexible para decorados y atrezo, una infraestructura técnica que se adapta a producciones pequeñas y medianas. Lo que una vez fue el hogar del cine en blanco y negro y la dramaturgia con luz natural, hace tiempo que se ha adaptado a lo digital; sin embargo, allí se trabaja con artesanía, no con logística de superproducción. El lugar no es un área museística, sino un estudio funcional con un ala museística. Quien rueda allí, se sienta físicamente sobre la historia, mientras que los equipos y los flujos de trabajo se han modernizado.
Para una producción actual, Victorine significa: no una estación de servicio anónima como los estudios de las ciudades cinematográficas con cien pabellones idénticos, sino un lugar con su propia gramática, con ritmos de luz dictados por el sol del Mediterráneo y con un ADN artesanal que llega hasta la custodia de los decoradores. No se rueda allí en cualquier sitio, sino en un lugar que enseña a la propia cámara.