Registro de sonido óptico de los años 20 — las ondas sonoras modulan un rayo de luz que se expone en el borde de la película. Primer sistema viable para sonido sincrónico.
El Fotófono revolucionó la producción cinematográfica no por su elegante tecnología, sino por su pura practicidad. Un micrófono convertía las ondas sonoras en señales eléctricas, estas controlaban un obturador de luz que modulaba un haz de luz constante — este, a su vez, exponía una delgada y ondulada pista directamente al lado de la ventana de imagen en el borde de la película. Durante la proyección, una fotocélula leía esta onda de luz y reconstruía la señal de audio. Funciona hoy en día bajo el mismo principio, solo que los cines modernos hace tiempo que han pasado a pistas magnéticas o formatos digitales.
La elegancia residía en la sincronía: el sonido y la imagen estaban acoplados mecánicamente — ambos en la misma tira de película. Sin carretes separados, sin problemas de sincronización como en los primeros procedimientos. Esto permitió por primera vez películas sonoras prácticas a escala masiva. Warner Bros. y otros estudios adoptaron la técnica radicalmente rápido, porque realmente funcionaba, no porque sonara perfecta. La calidad del sonido era pobre, susceptible a arañazos en el borde de la película, y cualquier daño en la pista óptica significaba fallos de sonido. Un verdadero compromiso entre el ideal y la viabilidad.
En el set, todo cambió. De repente, el técnico de sonido ya no podía moverse libremente en medio de la escena — la cámara tenía que rodar, el sonido con ella. Esto forzó una planificación más precisa, tomas más cortas, una colaboración más estrecha entre cámara y sonido. Los directores que venían del cine mudo tardaron en comprenderlo. La pista de luz también era visualmente molesta — algunos directores de fotografía maldecían la delgada línea negra en el borde de la película, que comprometía técnicamente su composición visual.
Técnicamente interesante: la fotocélula en la reproducción era susceptible a parpadeos y deriva — por eso más tarde se incorporaron lentes de resina sintética y mejores estabilizaciones de luz. Los arañazos, las huellas dactilares o el desgaste de la copia de la película significaban ruido audible directo o fallos. En contraste, el sonido magnético permitió copias más robustas más tarde, pero perdió la sincronía mecánica. Cada procedimiento tiene un precio. El Fotófono lo pagó en calidad de sonido y durabilidad, pero a cambio ganó seguridad operativa — y eso, en la década de 1920, fue absolutamente crucial para su aceptación.