Acuerdo de financiación y distribución entre estudio y distribuidores — asigna presupuesto, derechos y participación de ganancias. Forma estándar en coproducciones UK/EU.
Una vez que el productor y el distribuidor se sientan a negociar, se trata de dinero, derechos y quién gana al final: el acuerdo PFD regula precisamente eso. Aquí se establece la estructura de financiación entre el estudio y el distribuidor: quién asume qué parte del presupuesto de producción, quién retiene qué derechos de explotación y cómo se reparten los ingresos. En la producción británica y europea habitual, esta es la forma estándar cuando varios socios abordan un proyecto.
En la práctica, funciona así: una empresa productora presenta un guion terminado y un presupuesto de, digamos, 8 millones de euros. El distribuidor asume una parte de los costes —a menudo los presupuestos de impresión y publicidad— y a cambio recibe los derechos de distribución para territorios y formas de explotación específicas. Pero, ¿quién paga al director de fotografía, al equipo, a la postproducción? Esto debe quedar claro en el PFD, de lo contrario habrá impagos en el set. El acuerdo también define si el distribuidor controla en exclusiva el cine, el streaming y la televisión, o solo ventanas individuales. Especialmente importante: la llamada Garantía del Distribuidor (Distributor's Guarantee) —unos ingresos mínimos que el distribuidor asegura al productor, o no. Esto influye directamente en si la producción recibe luz verde o no.
Un escenario frecuente en las coproducciones: una productora alemana colabora con un distribuidor británico. El contrato PFD estipula que el alemán financia la producción, el británico se encarga de las licencias de cine y televisión en el Reino Unido/Irlanda y, a cambio, aporta una parte del presupuesto de producción —digamos un 30 por ciento. El reparto de beneficios se regula porcentualmente según el capital invertido, pero no es raro que haya prioridades: el distribuidor recupera sus costes antes de que el productor vea sus beneficios. Esto es amargo si la película fracasa, por eso tales acuerdos se discuten previamente con abogados.
En el set, el director de fotografía o el productor ejecutivo se dan cuenta rápidamente de si un acuerdo de este tipo se ha negociado limpiamente: si los pagos llegan a tiempo y no hay disputas sobre la responsabilidad del presupuesto, la documentación ha sido buena. Si no, se vuelve caótico. Por lo tanto, el PFD no es tan atractivo como un storyboard o un corrección de color (Colour Grade), pero determina si una producción llega siquiera a la fase de rodaje, o si todo colapsa ya en la planificación.