Brecha entre la duración real del relato y el tiempo en pantalla — tiempo de metraje frente a tiempo narrativo. El montaje comprime, los planos largos expanden, las elipsis borran minutos.
En el set o en la sala de montaje, te das cuenta rápidamente: el reloj marca el tiempo de forma diferente en el cine que en la realidad. Una escena que dura tres minutos puede narrar tres horas de acción, o viceversa, un minuto real se convierte en una eternidad si lo muestras en tiempo real. Esta es la tensión fundamental entre el tiempo narrativo (cuánto dura la historia) y el tiempo de duración (lo que el espectador está sentado en el cine). Entre ambos reside todo el arte cinematográfico.
El montaje es tu herramienta más importante para manipular el tiempo. Un ritmo de corte clásico comprime: un personaje sale de un apartamento, siguiente plano, está sentado en el coche — el trayecto se ha eliminado. Nadie lo echa de menos porque los cortes entrenan al cerebro del espectador para rellenar los huecos por sí mismo. Esto se llama omisión o elipsis. Por el contrario, un plano largo y sin cortes estira el tiempo — un plano estático, en el que ocurren pocas cosas, se convierte en una carga emocional. Piensa en escenas de sala de espera o en un lento travelling por una habitación: aquí el vacío llena la acción. Esto es lo opuesto a la compresión del montaje.
En la práctica, necesitas tener un instinto para saber qué escenas toleran la compresión y cuáles necesitan estirarse. El corte de una secuencia de acción es siempre más rápido que la realidad física — golpe, corte, contragolpe, corte. Una conversación entre dos personas, en cambio, puede transcurrir en tiempo real o incluso parecer más lenta si utilizas planos largos sostenidos y cortas menos. El ritmo se crea por la frecuencia de los cortes y la duración de los planos, no por la acción en sí. Algunos directores trabajan conscientemente con tiempo muerto (dead time) — segundos intencionadamente no utilizados para generar tensión o mostrar a un personaje en su lentitud.
El punto más importante: el tiempo en el cine es una construcción. No sigue la cronología ni la lógica física, sino el ritmo emocional de la historia. Esta es tu libertad como director de fotografía o editor, y al mismo tiempo tu responsabilidad. Úsala conscientemente.