Movimiento artístico y social de 1910–1920 contra el entretenimiento comercial — exigía profundidad psicológica, mérito artístico y legitimidad cultural del cine.
Alrededor de 1910 surgió en Europa un movimiento de oposición al cine como mera atracción de feria. Cineastas, críticos y artistas reconocieron que el medio podía hacer más que vender números de slapstick superficiales e historias triviales, y lo reclamaron en voz alta. El movimiento de reforma cinematográfica no fue una asociación formal, sino un levantamiento estético e ideológico: se buscaba establecer el cine como una forma de arte independiente, no como un apéndice del teatro o la literatura.
Prácticamente, esto se manifestó en el propio lenguaje cinematográfico. En lugar de cortes rápidos y acción a toda costa, se apostó por el desarrollo psicológico de los personajes, la sutileza en la puesta en escena y la complejidad narrativa. La escuela escandinava —Dreyer, Stiller, Sjöström— encarnó perfectamente esta aspiración: planos largos y sostenidos, iluminación pálida, enfoque en conflictos internos en lugar de efectos externos. En el expresionismo alemán (Caligari, Nosferatu) se consideraba que la escenografía y la iluminación eran herramientas psicológicas, no meras decoraciones. Esto cambió nuestra forma de pensar como directores de fotografía: la cámara se convirtió en un instrumento de penetración emocional.
El movimiento también exigió nuevos contenidos: adaptaciones literarias de prestigio, abordaje de temas sociales, espacio para la experimentación artística. El cine no debía ser un medio de masas para efectos burdos, sino un cine de masas con espina dorsal, una idea que perdura hasta hoy. Al mismo tiempo, era contradictorio: los mismos reformadores a menudo despreciaban al público popular al que querían llegar.
Históricamente, el movimiento fue efímero: la revolución del cine sonoro a finales de los años 20 y las crisis económicas lo arrollaron. Pero su exigencia de profundidad psicológica, de cine como forma de arte y de rigor formal, marca a los directores de fotografía y directores hasta hoy. Quien trabaja sutilmente con la luz en lugar de con la acción, quien transmite una emoción a través de la composición de la imagen en lugar de trucos argumentales, trabaja en el espíritu de aquellos viejos reformadores.