Dos largometrajes proyectados consecutivamente en cine, usualmente con conexión temática o de género. Programación clásica de los años 50-60.
Un doble programa (Double Feature) consiste en programar dos largometrajes seguidos, usualmente con una conexión temática o de género entre ellos. En las décadas de 1950 y 1960, esta era la experiencia estándar en el cine: pagabas una sola entrada y te quedabas sentado de tres a cuatro horas frente a la pantalla. No eran solo dos películas, sino un paquete de entretenimiento completo con créditos iniciales y finales, y posiblemente noticieros o cortometrajes intercalados. El público esperaba este espectáculo, era el modelo económico con el que los cines luchaban contra la emergente televisión.
Para la programación, el cálculo era crucial: se solía combinar una película A (alto presupuesto, estrellas conocidas, gran producción) con una película B (presupuesto menor, expectativas más bajas, pero atractiva para el público masivo). O se juntaban dos películas del mismo género: dos westerns seguidos, dos thrillers, dos películas de monstruos. La idea era que quien se sentaba, se quedaba. La segunda producción a menudo era un éxito de taquilla de temporadas anteriores o una película de género económica con reconocimiento. Algunos cines también realizaban dobles programas temáticos, como dos películas del mismo director o de una saga (un maratón de James Bond).
Desde la perspectiva de la producción, esto significaba que las oportunidades de estreno para una película más pequeña eran realistas, no como un estreno individual, sino como un segundo programa junto a un éxito de taquilla. Los distribuidores y estudios lo aceptaban conscientemente. Para los técnicos en el set, esto tenía poca importancia, pero los montadores y los departamentos de distribución calculaban específicamente con esta forma de programación.
Hoy en día, el doble programa ha desaparecido casi por completo del cine comercial; los multicines buscan la rotación de asientos y un mayor rendimiento de entradas. Curadores especializados y clubes de cine revitalizan ocasionalmente el formato, por ejemplo, para retrospectivas o noches de cine temáticas. Los servicios de streaming han continuado implícitamente el principio (el "binge-watching" como un doble programa digital), pero el espectáculo de experiencia clásica sigue siendo un recuerdo del cine analógico como lugar de encuentro.