Oficina estadounidense de censura cinematográfica (1930–60). Revisaba guiones y montaje — precursor del sistema MPAA.
Durante las décadas de 1930 a 1960, la Oficina de Películas (Bureau of Motion Pictures - BMP) —inicialmente fundada como una división de la Oficina de Información de Guerra— controlaba cada centímetro de película que llegaba a los cines. Esto no era simplemente una recomendación o una clasificación por edades como hoy en día. El BMP revisaba guiones antes del rodaje, exigía reescrituras, prohibía escenas enteras y podía forzar cortes antes de que una película pudiera llegar al público. Como director de fotografía, uno tenía que saber: esta institución tenía un poder real sobre el lenguaje visual.
La realidad práctica en el set era opresiva. Un productor recibía comentarios detallados de los inspectores del BMP: no demasiada violencia, no sexualidad demasiado provocativa, ninguna crítica al establishment, ninguna representación simpática de comunistas. Concretamente, esto significaba para la puesta en escena: no se rodaban ciertos planos, se evitaban ciertas posiciones corporales, se hacían cortes específicos para intensificar o disimular contenidos ofensivos. En el montaje, el mismo juego: se eliminaban escenas, se volvían a montar, se hacían transiciones bruscas para neutralizar contenidos problemáticos. La autocensura se convirtió en una normalidad productiva: los directores y productores anticipaban las objeciones del BMP e instalaban compromisos ya previstos.
Lo que diferenciaba al BMP de sistemas posteriores: no era transparente, no estaba estandarizado como el posterior sistema de clasificación de la MPAA a partir de 1968. No existía una lista oficial de elementos prohibidos, sino más bien un reglamento no escrito que evolucionaba caso por caso. Un film noir en 1945 podía mostrar escenas que en 1955 serían inmediatamente rechazadas. Esta arbitrariedad obligaba a los equipos de producción a una precaución permanente. Las mesas de montaje se convirtieron en salas de negociación entre la aspiración artística y el control oficial, y el control casi siempre ganaba.
El sistema colapsó lentamente en la década de 1960, en paralelo a la liberalización social y el auge de los independientes que trabajaban fuera de estas estructuras. La clasificación de la MPAA reemplazó la censura previa rígida por un sistema de clasificación más flexible. Sin embargo, las huellas del BMP permanecen visibles en la puesta en escena de esa década: en la sutileza de las insinuaciones en lugar de la representación explícita, en la puesta en escena psicológica en lugar de la física del conflicto.