Formato de película entre 16mm y 35mm — históricamente raro, principalmente industrial y educativo. Hoy pieza de coleccionista; compromiso técnico sin estándares.
El formato de 22 mm se encuentra en un nicho peculiar entre los estándares establecidos. Mientras que el 16 mm y el 35 mm se convirtieron en normas industriales y artísticas a nivel mundial, con el 22 mm se intentó un compromiso: más ancho que el 16 mm para una mejor calidad de imagen, más económico que el 35 mm en su producción. En la práctica, este camino intermedio nunca funcionó realmente. Las máquinas de filmación eran caras, los costes de los materiales, poco rentables, y faltaba un estándar vinculante para el agujero de perforación y la distancia entre pistas. Quienes rodaban en 22 mm se enfrentaban rápidamente a problemas de proyección y copiado.
Ámbito de uso histórico — El 22 mm apareció principalmente entre las décadas de 1950 y 1970 para películas de formación, documentales industriales y ocasionalmente para largometrajes en mercados más pequeños. Algunas producciones europeas y soviéticas utilizaron el formato porque parecía un punto intermedio entre la eficiencia de costes y la calidad de imagen. Sin embargo, sin una red internacional de laboratorios de copiado y fabricantes de proyectores, el 22 mm se mantuvo limitado a nivel regional. Un director de fotografía que trabajaba en 22 mm tenía que planificar toda su postproducción dentro del mismo radio geográfico: montaje preliminar en el estudio, duplicación en el laboratorio local, proyección en salas equipadas. Esto convertía la distribución en un trabajo de Sísifo.
Realidad técnica — El formato de imagen más grande que el 16 mm ofrecía teóricamente una mejor granularidad y resolución de detalles, pero esta ventaja era marginal: no lo suficientemente grande como para reemplazar al 35 mm, ni lo suficientemente pequeño como para alcanzar la eficiencia de costes del 16 mm. Las cámaras en sí eran piezas únicas o series pequeñas, a menudo modificaciones de máquinas de 16 mm. Los objetivos no se adaptaban de forma estandarizada, las calibraciones de diafragma variaban entre fabricantes. Quien hoy digitaliza material de 22 mm, a menudo ya no encuentra máquinas de sincronización; hay que recurrir a proveedores externos o a soluciones improvisadas.
Hoy, material de coleccionista — Las cámaras y proyectores de 22 mm son objetos de arte raros en archivos y colecciones. Un técnico que sepa manejarlos es casi impagable. Las pocas películas conservadas se digitalizan por motivos culturales, pero una restauración en el sentido clásico carece de sentido económico. Para el director de fotografía moderno, el 22 mm es un ejemplo de aprendizaje: los formatos que se sitúan entre las normas mundiales desaparecen, por muy elegantes que suenen técnicamente.