Técnica de coloración manual o por plantilla en película — estándar antes del Technicolor. Intensivo en mano de obra, pero esencial para efectos de color en la era silenciosa.
Quien trabaja hoy en día con gestión de color digital apenas puede imaginar lo laboriosos que eran los primeros procesos de película en color. Zoechrome fue uno de ellos: una técnica de coloreado a mano en la que el material cinematográfico en blanco y negro se teñía sistemáticamente después de la impresión. El proceso funcionaba según un principio simple pero intensivo en mano de obra: cada fotograma individual se pintaba directamente a mano o, más frecuentemente, se teñía mediante plantillas y técnicas de estampado. Se utilizaban tintes de anilina o colorantes especiales para cine que se adherían a la capa de gelatina.
En la práctica, esto significaba para los productores: se creaban juegos de plantillas de gran formato para cada color individualmente, y luego la película pasaba por varias estaciones de teñido. Una rosa roja, un vestido azul: cada color requería un pase de impresión separado. Para una película de 1.000 a 2.000 metros de longitud, el esfuerzo de personal se medía en cientos de jornadas de trabajo por persona. Por ello, el Zoechrome se utilizaba principalmente en producciones importantes o en tomas de efectos especiales, como en escenas de fuego, donde el teñido naranja-rojo lograba un efecto dramático. También se puede ver esta técnica en las primeras películas de Méliès: cada escena como iluminada a mano, con cierta habilidad artística, pero también con imprecisiones visibles en los bordes.
La gran desventaja era la consistencia: en una película con varias copias, cada copia podía tener un aspecto diferente. Además, el proceso era caro y requería mucho tiempo; con la llegada de los primeros procesos de película en color multicapa reales como Technicolor (a partir de mediados de la década de 1920), el Zoechrome desapareció rápidamente del ámbito profesional. Pequeños estudios y productores independientes lo utilizaron aún hasta principios de la década de 1930.
Para el restaurador moderno, el Zoechrome supone hoy un desafío: las capas de color aplicadas son frágiles, pueden desprenderse, y el esquema de color original a menudo solo se puede reconstruir a partir de fotografías de archivo o carteles. Quien se ocupe del cine mudo temprano debe distinguir este coloreado a mano de la película en color auténtica: el Zoechrome es siempre un proceso manual, a veces de gran formato, que se reconoce por la irregularidad característica de la aplicación del color.