Técnica de coloración manual temprana (1910–1940) — fotogramas individuales teñidos con plantillas. Precursor del Technicolor.
La coloreación a mano de la película de celuloide era un verdadero oficio en la década de 1910, no un proceso industrial como el Technicolor posterior, sino trabajo puramente manual con plantillas y tintes. El proceso Handschiegl, que lleva el nombre del técnico austriaco Geza Karpáthy (cuyo método se comercializó con este nombre), funcionaba de la siguiente manera: se tomaba la película en blanco y negro ya expuesta y revelada, se colocaban plantillas en cada fotograma y se aplicaban tintes de anilina directamente sobre la superficie del celuloide con esponjas o pinceles. Era brutalmente laborioso: una bobina de mil metros podía costar semanas si varios coloristas trabajaban en paralelo.
En el set o en la sala de montaje, esto era un verdadero problema de planificación. Los colores nunca eran consistentes de un fotograma a otro, la densidad dependía de la presión del pincel y cada bobina se veía ligeramente diferente. Te das cuenta de inmediato cuando ves impresiones Handschiegl antiguas hoy en día: esa ligera irregularidad, ese "temblor" de los tonos de color a lo largo de la película. A algunos cineastas les encantaba este aspecto para piezas históricas o películas de cuentos de hadas; a otros les disgustaba la falta de fiabilidad. Georges Méliès utilizó el método de forma extensiva para sus películas de fantasía; allí, la imperfección funcionaba incluso narrativamente.
La gran limitación: los colores no tenían transparencia en el sentido moderno. Los tintes de anilina se depositaban como una capa opaca sobre la película, lo que reducía el brillo de la imagen y destruía los finos tonos de gris. Esa fue la razón por la que el Technicolor (más tarde: los procesos de tres y cuatro tiras) reemplazó al proceso Handschiegl: la integración química de los tintes en la capa de película ofrecía profundidad de campo, transmisión de luz y una repetibilidad absolutamente consistente.
Prácticamente, el proceso Handschiegl sigue siendo relevante hoy en día principalmente para restauradores y archivos: al digitalizar una película muda coloreada, debes saber que la información de color no reside en el principio de emulsión, sino como una capa superficial. Esto influye en la estrategia de escaneo, el valor de la luz y cómo puedes manejarlo posteriormente en la corrección de color. Y para los historiadores del cine, está claro: este proceso fue un pilar entre la técnica de película en blanco y negro y la verdadera técnica de película a color multicapa.