Ilusión visual mediante técnica de cámara, montaje o producción — stop-motion, doble exposición, efectos en cámara. Todo lo que el público ve pero no sucedió realmente.
Filmas una escena en la que tu protagonista desaparece de repente, y el público debe creer que fue real. Ese es el truco: una ilusión cinematográfica creada a través de la cámara, el montaje o medios artesanales en el set. No importa lo que ocurrió realmente ante la lente, sino lo que el espectador ve en la película terminada. Un truco no es un engaño, es la esencia de la realización cinematográfica.
En el set, un truco funciona a través de tres palancas: el timing de la cámara, la construcción práctica y el montaje. Por ejemplo, el stop-motion: un actor está sentado a la mesa, haces una toma, luego abandona el lugar. Siguiente toma: silla vacía. Pegado en el montaje, parece haberse evaporado. La doble exposición funciona de manera similar: dos exposiciones en el mismo material fílmico o en postproducción digital se superponen. Un actor aparece dos veces en la imagen, aunque solo estuvo allí una vez. La cámara fue su cómplice.
Los trucos prácticos en el set suelen ser los más fiables. Un set en miniatura a escala exacta, una trampilla en el suelo del escenario, una carga explosiva que detona justo en el corte, todo eso son trucos. Requieren planificación, confianza y comprensión física. Nada digital puede reemplazar esta autenticidad que la cámara registra. La cámara percibe lo que realmente está allí, aunque solo exista por un segundo.
En el cine moderno, los trucos tradicionales se mezclan con medios digitales. Planificas una explosión, prácticamente frente a la cámara, pero con mejora CGI en el montaje. Siempre ha sido así: el truco en sí mismo es un medio, no un fin. El fin es que el espectador crea. Por eso los trucos no son un juego, son artesanía. Debes saber cómo miente la cámara, cuándo engaña el montaje, qué efectos prácticos son duraderos. Un truco malo es descubierto. Un buen truco es invisible.