Montaje que superpone múltiples melodías o fragmentos de canciones reconocibles simultáneamente — efecto cómico o surrealista. Técnica rara, principalmente en comedias o cine experimental.
En montaje, el quodlibet funciona como un caos controlado: se superponen varias melodías o fragmentos de canciones conocidos, o se cortan tan rápidamente uno tras otro que se interrumpen, se sobrescriben o se mezclan absurdamente. El resultado es casi siempre cómico o perturbador, a veces ambas cosas a la vez. La técnica proviene de la música barroca (Quodlibet = "lo que place"), pero llegó al cine más tarde, donde desplegó su efecto principalmente en comedias y películas de vanguardia.
Práctico en el set y en montaje: trabajas con sonido e imagen de forma sincronizada. Clásicamente, necesitas varias melodías conocidas: una canción popular, un jingle, un clásico, algo que el público reconozca de inmediato. En la sala de montaje, las superpones de modo que suenen dos, tres o más pistas simultáneamente. O cortas muy rápidamente entre ellas, de modo que cada melodía solo tenga medio segundo de espacio antes de que irrumpa la siguiente. El efecto: confusión acústica total, que puede reforzarse visualmente con cortes rápidos o combinaciones de imágenes absurdas. Un uso clásico es el montaje de una escena caótica: una fiesta de bodas que escala, varias bandas tocando a la vez, la velocidad de corte se convierte en un arma de confusión.
Nota práctica: El quodlibet solo funciona si el público conoce las melodías. Piezas desconocidas solo generan ruido, no sentido. La tensión cómica surge del conflicto entre lo reconocido y la irritación: el espectador espera la melodía conocida, pero esta se interrumpe de inmediato. En el proceso de decisión de montaje, debes saber a tiempo qué melodías deben sostener tu escena e informar al editor de sonido a tiempo.
Técnica rara, sí, porque rápidamente resulta intrusiva y, si se abusa de ella, agota la película en lugar de entretener. Las comedias de los años 60 y 70 experimentaron con ella; los trabajos contemporáneos tienden a recurrir a técnicas de remezcla en lugar del quodlibet clásico. Si lo intentas: corto, preciso, con un claro contrapunto visual. De lo contrario, el sonido te destrozará.