Muebles y accesorios que los actores tocan y desplazan realmente. Debe resistir y funcionar delante de cámara.
En el set, distinguimos estrictamente entre lo que ve la cámara y lo que los actores manipulan. El atrezo funcional —o como lo llamamos: atrezo práctico— es todo aquello que se mueve, se toca o se utiliza realmente en la acción. Una silla en la que alguien se sienta. Una botella que se vacía. Una puerta que se cierra de golpe. Esto no es decoración en el sentido clásico, es material funcional que debe soportar el uso y funcionar de manera fiable ante la cámara.
La diferencia crucial con el mero decorado: el atrezo práctico no solo debe tener buen aspecto, sino que debe resistir. Una silla para un plano de primer plano requiere una construcción robusta, no solo una apariencia impecable. Si un actor se deja caer cien veces en el mismo sillón, la tapicería no debe hundirse y las patas no deben crujir. El diseño de set y la producción deben colaborar aquí, a menudo disponiendo de varias versiones: de acrobacias, principal y de repuesto. El cristal debe ser irrompible o de resina sintética. Los armarios deben ser de material sólido por si alguien tira de ellos. Todo debe ser pesado y estar bien pensado.
En la práctica, esto lo experimento especialmente en jornadas de rodaje largas: la silla principal está en el set, la versión de repuesto está lista y la versión de acrobacias espera el momento en que el actor deba lanzarse sobre ella. Lo mismo ocurre con las ventanas: las ventanas reales pueden dar problemas (reflejos, luz), pero si una escena exige que alguien la abra, debe funcionar. El departamento de atrezo prepara estas piezas como equipamiento técnico: limpieza, mantenimiento, copias de seguridad.
Un error frecuente es tratar el atrezo práctico como decoración normal. Necesita la atención de un atrecista y debe ser inspeccionado regularmente. Una lámpara que debe encenderse debe estar cableada. Un cajón que debe abrirse no debe atascarse. En rodajes históricos, esto se vuelve aún más crítico: una silla del siglo XVIII no tiene por qué ser auténtica, pero debe moverse como tal. A veces construimos réplicas para proteger los originales, y las réplicas deben ser más robustas que el original.