Tarjeta de título con nombre y diseño artístico — separada de créditos, antes de que comience la historia. Puede durar segundos o minutos.
Los títulos de apertura son tu primera declaración visual — antes de que una sola escena contenga acción, aquí estableces el tono. En edición, se diferencian fundamentalmente de los créditos finales: aquí no necesitas nombres, ni funciones, a menudo ni siquiera el equipo. Solo necesitas el título de la película y una idea visual que atraiga al espectador a tu mundo.
En la práctica, esto significa: trabajas con diseño gráfico, música y ritmo. Un ejemplo clásico —Saul Bass y su equipo lo perfeccionaron— es una forma geométrica simple sobre fondo negro, con música, listo. Otros enfoques montan secuencias abstractas o semi-narrativas: objetos en movimiento, efectos en capas, movimientos de cámara a través de mundos artificiales. La duración varía masivamente. Algunas películas (tipo Tarantino) duran 3-5 segundos, otras (ciencia ficción de los 80, dramas ambiciosos para el cine) duran de 90 segundos a dos minutos. El flujo de edición decide: cortes rápidos, Dynamic Cuts, crean urgencia. Largas plan-secuencias con superposiciones se ven más elegantes, lentas, a veces pretenciosas —según el gusto del director.
En el proceso de edición, el punto crítico es: la sincronización entre imagen y sonido. Empiezas donde la música alcanza su clímax o donde un beat visual cierra una secuencia de cortes rápidos. Un timing incorrecto arruina toda la atmósfera. También: las transiciones a tu primera escena. Muchos títulos de apertura terminan en una transición (Fade-to-Black, Dissolve o Match-Cut) que te lleva directamente al escenario —aquí el título se fusiona con la narrativa cinematográfica.
Un error común en el set: demasiada complejidad gráfica sin una jerarquía visual clara. Tu título debe permanecer legible, incluso en pantallas más pequeñas. Un segundo error: música sin relación con la estructura de edición. Los títulos de apertura solo funcionan si la edición y el sonido respiran juntos. Presta atención también a si tu director prefiere un cold open —una breve escena dramática ANTES de los títulos en lugar de después. Esto rompe la convención, pero puede ser efectivo.