Colectivo artístico y distribuidor (fund. 1966) de cine experimental e independiente — contrapeso a la distribución comercial. Núcleo de la vanguardia británica.
A finales de los años 60, el Reino Unido necesitaba un lugar donde los cineastas experimentales pudieran mostrar sus trabajos, sin tener en cuenta la taquilla ni el gusto del mercado masivo. La London Filmmakers' Coop surgió en 1966 como una resistencia directa a la industria cinematográfica establecida. Lo que nació aquí fue más que un simple servicio de alquiler: una red de artistas que escribieron sus propias reglas, redefiniendo así la vanguardia británica.
La importancia práctica radica en que la Coop creó por primera vez en el Reino Unido una infraestructura fiable para trabajos que de otro modo no se habrían mostrado en absoluto. En lugar de distribuir largometrajes según patrones narrativos, se almacenaban formatos experimentales: películas estructurales, montajes de found footage, piezas duracionales que a menudo transcurrían 30, 60 o 120 minutos sin un arco dramático. Cineastas como Steve Dwoskin o Lis Rhodes pudieron llevar sus enfoques radicales a pequeños espacios de arte, galerías y universidades a través de este servicio de alquiler. Esto fue crucial, ya que no existía otra posibilidad de distribución para tales obras.
Mientras que el BFI se ocupaba de los clásicos y el cine de calidad, y el cine comercial perseguía los grandes éxitos, la Coop se posicionó como una institución ideológica. Los miembros pagaban cuotas, debatían los criterios de selección y negociaban ellos mismos las tarifas de alquiler. El modelo era radicalmente democrático para su época: sin directores ejecutivos, sin inversores financieros que exigieran cuotas. La Coop funcionaba como una editorial de la vanguardia cinematográfica, de forma similar a como funcionaban las editoriales independientes de libros de arte.
Para el trabajo práctico, lo más relevante fue que la Coop obligó a los cineastas a explicitar sus ideas sobre el formato, la duración y el contexto de proyección. Una película de 16 mm para la Coop no era simplemente una película; debía funcionar en espacios específicos, con dimensiones de luz específicas, quizás con una actuación en vivo. Fue un requisito artístico que cambió la forma de pensar. La Coop estableció así también estándares para la archivística y el manejo de materiales experimentales que perduran hasta hoy. Su importancia para la cultura cinematográfica británica reside menos en obras maestras individuales que en la posibilidad sistemática de una contra-realidad al cine comercial.