Subgénero B-movie (años 60–70) que explota contenido lésbico para consumo heterosexual. Sensacionalista, sexualizado, frecuentemente misógino.
A principios de la década de 1960, surgió un extraño fenómeno en el mercado: los estudios descubrieron que podían rodar películas baratas y escandalosas con personajes lésbicos, no para el público femenino, sino específicamente para hombres heterosexuales. La cámara se desviaba cuando dos mujeres se acercaban. La trama era una excusa. Lo que quedaba era voyeurismo en formato barato: explotación sin una historia real, sin profundidad psicológica, sin que las mujeres existieran como personas. Eso era Lezploitation, y se convertiría en un subgénero floreciente y terriblemente conocido durante dos décadas.
En el set de estas producciones, reinaba una estética completamente diferente a la del melodrama clásico. El montaje era lento en los primeros planos de cuerpos femeninos, la música era grasienta y sintética, la escenografía a menudo penumbrosa y más barata que cualquier secuencia nocturna en películas mejores. Los directores, en su mayoría hombres sin gran habilidad cinematográfica, sabían exactamente lo que su público quería ver. La narrativa seguía siempre el mismo patrón: seducción, decadencia moral, castigo o reversión a la heterosexualidad. Las lesbianas no eran personas; eran objetos en un juego moral narrativo escenificado para espectadores a los que les importaba la erección, no la comprensión.
Lo que hace que estas películas sean históricamente interesantes, y al mismo tiempo tan problemáticas, es su deshonestidad intrínseca. No muestran amor, ni relaciones, ni sexualidad femenina desde una perspectiva femenina. En cambio, proyectan fantasías masculinas sobre cuerpos femeninos y llaman a eso documentación del pecado. En comparación, el cine negro clásico también sexualiza a las femmes fatales, pero de una manera más compleja y sutil. La Lezploitation ni siquiera tenía la elegancia narrativa del cine negro. Era explotación cruda y sin rodeos con un presupuesto para transferencias a VHS.
En la retrospectiva actual, estas películas son documentos de época de un cierto miedo y deseo masculinos, y de la incapacidad de pensar la sexualidad femenina fuera de esta lente. Para los directores de fotografía y los profesionales del montaje, son ejemplos didácticos de cómo la técnica de cámara y el montaje pueden mecanizar la objetivación. Cada zoom lento, cada música edulcorada, cada vez que la cámara se detiene más en un cuerpo que en un rostro, es una manipulación consciente del espectador. Un currículum oculto de exclusión.