Práctica del cine temprano (1895–1920s): orquesta toca en vivo mientras la pantalla muestra letra o narrativa — precursor del cine moderno. Híbrido de teatro y cine.
El cine tardó mucho en confiar en sí mismo. En las dos primeras décadas tras los hermanos Lumière, la pantalla no se sostenía por sí sola; era el escenario de un procedimiento híbrido llamado Illustrated Songs (Canciones Ilustradas). La orquesta se sentaba en el foso o al borde de la sala, tocando música mientras en la pantalla se mostraba la letra de la canción, a menudo combinada con fotografías ilustrativas o escenas pintadas que acompañaban la música. Una forma intermedia extraña, hoy apenas imaginable: la cinematografía como acompañamiento de una actuación en vivo, no al revés.
El profesional reconoce de inmediato de qué se trataba: la música era el elemento principal, no la imagen en movimiento. El público acudía al cine para escuchar en vivo una canción conocida. La pantalla servía a la vez de guía y de decorado visual: la letra para cantar, junto con escenas que concretaban el ambiente y la historia. Así funcionaba en los teatros de variedades, en los nickelodeons, y más tarde también en cines más grandes. El trabajo del cineasta consistía en montar imágenes fijas o mínimamente movidas al compás de la música; el tiempo lo era todo. Cada canción tenía su duración, el ritmo de montaje lo marcaba la música, no la necesidad dramática. Esto es lo opuesto a lo que hoy llamamos montaje cinematográfico.
Históricamente, los Illustrated Songs marcan un momento de transición: demuestran que la industria cinematográfica aún no sabía si el cine sería un medio artístico autónomo o solo una atracción, un complemento a las formas de entretenimiento establecidas. La música sostenía el negocio, no la historia. Con el auge del cine mudo narrativo (aproximadamente a partir de 1910-15) y más tarde del cine sonoro, esta práctica perdió importancia, pero no sin dejar rastro. La idea de que la música y la imagen deben estar estrechamente entrelazadas en el cine proviene de allí. Cada montador que hoy trabaja siguiendo un corte musical, sigue esta antigua lógica: la música lidera, la imagen responde. Los Illustrated Songs están olvidados, pero su estética perdura en cada videoclip, en cada película musical.