Sistema de sonido en disco (años 20)—película proyectada con gramófono sincronizado manualmente. Inviable; reemplazado rápidamente por sonido óptico.
El Kinegraphophone fue un intento de la década de 1920 por unir sonido e imagen, un mosaico mecánico de proyector y gramófono que demostraba la desesperación de la industria cinematográfica temprana por encontrar soluciones. Simplemente se montaba un plato giratorio al lado o debajo del proyector de cine, con la esperanza de que ambos funcionaran al mismo ritmo. La lógica era seductoramente simple: el disco sonaba, la película avanzaba, en algún momento se encontrarían. En la práctica, fue una pesadilla.
El núcleo del problema residía en la sincronización manual. Un operador debía iniciar ambos aparatos durante la proyección y mantenerlos bajo control, y si la película era más rápida que el disco o viceversa, debía intervenir, ajustar la velocidad, si era necesario, ralentizar el proyector o acelerar el disco. Quizás funcionaba durante dos minutos, luego se desfasaban. Cada copia de película en cada cine requería discos recién sincronizados, lo que era logísticamente imposible. ¿Y un rasguño en el disco? Nuevo disco, nuevo intento de sincronización.
¿Por qué se persiguió el concepto tan seriamente? Porque parecía barato. La tecnología ya existía: los tocadiscos eran estándar en todos los hogares, al igual que los proyectores. No se necesitaba inventar una infraestructura completamente nueva como con el cine sonoro óptico o los sistemas de sincronización electromecánica que se desarrollaban en paralelo. Pero precisamente este ahorro se convirtió en la sentencia de muerte: la ejecución de baja calidad hizo que el Kinegraphophone fuera poco fiable y, por tanto, no rentable. Los estudios de cine y los exhibidores querían fiabilidad, no improvisación.
Históricamente, el Kinegraphophone sigue siendo interesante como una etapa en la transición del cine mudo al sonoro. Documenta que no domina la mejor idea, sino la más fácil de controlar. El sistema Vitaphone y, posteriormente, los procesos de sonido óptico se impusieron porque la sincronización se realizaba automáticamente, sin más interruptores manuales ni errores de operador. El Kinegraphophone es hoy un ejemplo de libro de texto de soluciones intermedias fallidas en la tecnología cinematográfica: original, pero prácticamente inútil.