Primer proyector cinematográfico comercial (1896) — la apuesta de Edison al cine. Técnicamente inferior a Lumière, pero agresivamente patentado y comercializado.
A finales de la década de 1890, existía un panorama de patentes muy disputado en los inicios del cine. El Vitascope de Edison era menos una innovación técnica que un modelo de negocio agresivo diseñado para controlar la incipiente proyección cinematográfica en América. En mayo de 1896, Edison presentó públicamente el Vitascope, afirmando así operar el primer sistema de proyección comercial del mundo. De hecho, Edison había encargado a sus ingenieros que replicaran y patentaran el diseño del Cinématographe francés de los hermanos Lumière. El dispositivo era inferior en calidad de imagen, menos fiable en su manejo, pero Edison poseía el poder de mercado y los abogados de patentes.
Al compararlo con el sistema Lumière, la estrategia se vuelve clara: mientras que los hermanos Lumière enviaban operadores por todo el mundo y vendían copias de películas, Edison se centró en la monopolización a través de la protección de patentes. En el set y más tarde en la proyección, los técnicos notaron inmediatamente las debilidades: la impresión de la imagen era más inestable, la refrigeración de la lámpara era cuestionable, el transporte de la película estaba resuelto de forma menos elegante. Sin embargo, Edison controlaba las cadenas de distribución en EE. UU. y amenazaba con costosos litigios de patentes contra sus competidores. Esta estrategia dio forma al panorama cinematográfico comercial más que la superioridad técnica de un dispositivo.
El valor histórico del Vitascope no reside en la ingeniería, sino en la estrategia de mercado. Edison obligó a la industria cinematográfica temprana a caer en su trampa de patentes y exigió el pago de licencias a los operadores de salas de cine. Esto condujo a una crisis monopolística que solo se institucionalizó con la fundación de la Motion Picture Patents Company en 1908. Para los historiadores del cine y los técnicos, el Vitascope es, por lo tanto, menos una característica técnica que un ejemplo de advertencia: quien controla primero el mercado, no quien construye la mejor máquina, da forma a la industria. Esta dinámica se repite hasta hoy: quien posee la distribución y los derechos, determina el sistema, no el inventor.