Personaje sin empatía ni culpa — actúa racionalmente por interés propio, no por locura. Hitchcock y De Palma definieron este tipo.
El constructo del asesino psicópata —no confundir con el asesino enloquecido— exige del director una estrategia dramatúrgica y visual completamente diferente. Aquí no hay una mente destrozada en funcionamiento, sino una máquina calculada. El personaje opera de forma racional, con un objetivo claro, sin la fricción emocional que normalmente crea el conflicto. Este es el problema central para la puesta en escena: ¿cómo mostrar la ausencia? ¿cómo visualizar lo que no está ahí?
Hitchcock y De Palma lo resolvieron mostrando al asesino psicópata desde su propia perspectiva —sus prioridades visuales se convierten en la cámara. En De Palma, en Vestida para matar o Doble cuerpo, la cámara sigue los movimientos oculares del agresor con una precisión casi voyeurista. Los cortes son mecánicos, la música estéril o sorprendentemente emocionalmente errónea. El espectador se ve obligado a percibir el mundo a través de los ojos de una persona moralmente vacía, y eso genera un tipo de horror diferente al del caos de la locura.
En el set, esto significa que los movimientos de este personaje deben ser económicos. Sin tics nerviosos, sin gestos impulsivos. Cada acción sirve a un plan. El actor debe entender que la psicopatía a menudo se disfraza de encanto —habilidad social, incluso carisma, combinado con una vacuidad interior absoluta. Esto los hace más peligrosos que el demente, porque pueden moverse sin levantar sospechas. La iluminación debe ser a menudo dura y fría, pero no por razones atmosféricas, sino porque este personaje ve el mundo en objetos, no en personas.
En el montaje, el asesino psicópata se revela por lo que pasa por alto. Una persona normal tendría un momento de arrepentimiento —una pausa en el corte, una mirada hacia arriba. El asesino psicópata corta directamente al siguiente objeto, a la siguiente tarea. La música se usa con moderación, o es extrañamente inapropiada —Beethoven durante el asesinato, por ejemplo. La música no sabe lo que hace el cuerpo, porque el cuerpo mismo no sabe lo que significa. Esto crea incomodidad a nivel de montaje.