Narrativa ficticia que cifra conflictos políticos reales mediante símbolo y metáfora — nunca afirmación directa. Buñuel, Pasolini, Koreeda temprano.
El cineasta trabaja con un segundo nivel: mientras la pantalla cuenta una historia, habla simultáneamente de política, relaciones de poder, opresión. Esto no es subtexto en el sentido clásico, sino un cifrado consciente. La alegoría política obliga al espectador a decodificar activamente. Un rey en un cuento de hadas no es simplemente un rey. Un laberinto no es solo arquitectura.
En la práctica, esto funciona a través de símbolos y metáforas que se alejan del material documental. Buñuel lo demuestra magistralmente: El discreto encanto de la burguesía no necesita un discurso político; la comida recurrente que nunca tiene lugar, los uniformes, la jerarquía en cada escena, esa es la declaración. Pasolini trabajó de manera similar, especialmente al trasladar mitos antiguos a presentes fascistas. La alegoría permite al autor eludir la censura y, al mismo tiempo, expresar una verdad difusa y engorrosa que la crítica más directa no logra.
Importante en el set y en la edición: el cine alegórico confía más en el vocabulario visual —color, composición, movimiento— que en el diálogo. El director de fotografía y el director deben acordar qué elementos espaciales o visuales servirán como marcadores políticos. Un pasillo largo puede ser poder estatal. Una escalera puede representar la estructura de clases. Cada toma tiene un peso semántico.
Esto se diferencia de la crítica política directa en el cine en que permanece ambiguo. Una obra alegórica bien hecha funciona en varios niveles de lectura simultáneamente —como historia, como cuento de hadas, como declaración política— y se entiende de manera diferente según el contexto del espectador. Esto también la hace persistente en diferentes países y épocas. La alegoría ha sido la herramienta clásica de la cinematografía clandestina y de resistencia, desde los primeros trabajos de Koreeda hasta obras contemporáneas que no nombran directamente el autoritarismo, el capitalismo o las coacciones sociales, sino que las traducen a formas fantásticas o históricas.