Imitación burlona de un estilo o género — no maliciosa, pero exagerada con complicidad. Tarantino la usa para deconstruir convenciones.
Lo conoces: tomas los manierismos de un género o director, los llevas deliberadamente al extremo y le señalas constantemente al espectador que aquí estamos exagerando a propósito. Eso es persiflage, y es una de las armas más peligrosas en el arsenal de un director, porque puede salir terriblemente mal. La diferencia con la parodia pura reside en la afectividad: no te burlas del material, sino que te burlas CON él. Se trata de una destrucción amorosa.
En el set, lo notas inmediatamente en la tonalidad. Los actores deben mantener este acto de equilibrio entre seriedad y sobreactuación; un paso en falso y se vuelve tonto en lugar de inteligente. Tarantino siempre lo logra a través del diálogo. Sus personajes hablan como de una película blaxploitation o de un western, pero con una sintaxis que parece imposible. El público sabe: esto no está destinado a ser auténtico, pero respeta la convención lo suficiente como para jugar con ella. Ese es el truco. Citas el lenguaje del género, pero lo haces inequívocamente artificial.
En el lenguaje visual, la persiflage funciona a través de la sobre-concretización. En lugar de una iluminación sutil en el cine negro, usamos una iluminación tan dura y precisa que parece artificial. Los movimientos de cámara son demasiado perfectos, el montaje demasiado rítmico. Aquí también: señalar que lo sabemos. El espectador debe ver el guiño. Esto es diferente de la hombría: en la hombría citas con respeto, aquí citas y das saltos de alegría.
El peligro radica en que la persiflage puede resultar muy rápidamente condescendiente. Si el público tiene la sensación de que te considera tonto porque deconstruyes las convenciones de forma tan obvia, se acabó. La mejor protección: el género en sí mismo puede importarte un bledo, pero su potencial nunca. Solo destruyes lo que realmente has entendido. Todo lo demás es solo ruido. En el montaje, las pausas se vuelven importantes: necesitas espacio para que el público entienda el chiste, no para explicarlo.