Película épica de la antigüedad o mitología — escenas de masas, opulencia, espectáculo. Respuesta italiana a las epopeyas de Hollywood (años 50-60).
La industria cinematográfica italiana creó en las décadas de 1950 y 1960 un género que funcionaba menos por reflexión intelectual y más por la máxima del exceso visual: el péplum. El nombre proviene de la vestimenta antigua, y eso es lo que representa: películas monumentales sobre batallas romanas, dioses griegos, catástrofes bíblicas. Roma o Atenas como telón de fondo para espectáculos masivos, que con un guion mínimo invertían al máximo: extras, animales, pirotecnia, Technicolor en Cinemascope.
En la práctica, esto significaba: rodajes en el sur de Italia, a menudo alrededor de Cinecittà, con un reparto de celebridades B y C internacionales (nombres estadounidenses o europeos para facilitar la distribución). La cinematografía era generosa: planos largos para mostrar los decorados y las multitudes, menos cercanía psicológica que en el drama clásico de Hollywood. El montaje era rítmico, enérgico, a veces frenético, ya que compensaba las debilidades lógicas del guion. Diseño de sonido: música orquestal potente, fanfarrias, rugidos de masas. Cada batalla debía parecer más grande de lo que era.
La particularidad del péplum radica en que no intenta ser históricamente preciso: cita otras películas, otros géneros, es la Antigüedad pop. La decoración era opulenta, pero no auténtica; los trajes eran fantasías; la moralidad era primitiva (el bien contra el mal, la civilización contra la barbarie). Esto hacía que la producción de la película fuera barata: decorados estándar, extras de la región, trajes reciclados. Y funcionó: en Italia, estas películas fueron éxitos de taquilla, se proyectaron en toda Europa y, a través de la distribución, llegaron también a EE. UU.
Como director de fotografía en este tipo de producciones, debes aportar volumen y espectáculo al encuadre: la profundidad de campo es clave para hacer visibles simultáneamente el primer plano (actores), el plano medio (batalla) y el fondo (decorado). La iluminación era práctica: luz brillante y difusa para las escenas de masas, luz lateral dramática para los protagonistas. El péplum no necesitaba sutileza. Necesitaba claridad y grandeza. Con esta fórmula, la industria cinematográfica italiana se convirtió en exportadora en los años 60, no por pretensiones artísticas, sino por pura inteligencia comercial: producía lo que el público cinematográfico internacional quería ver, de forma rápida y económica.