Era desde ~2013 donde la producción de series rivaliza con el cine en calidad — streaming destruyó la estandarización tradicional de episodios. Actualmente se debate si el pico ha pasado.
A mediados de la década de 2010, sucedió algo fundamental en la televisión: las series dejaron de ser series, en el sentido tradicional. Se convirtieron en objetos cinematográficos, filmados como cine, editados como cine, con presupuestos como cine. Peak TV describe este umbral en el que la producción de series dejó de existir como un medio secundario junto al cine, para competir con él. Netflix, HBO, y más tarde Amazon y Apple, destrozaron el sistema que había definido la televisión durante 60 años: la estandarización a 42 o 50 minutos, la arquitectura de episodios amigable para la publicidad, la repetibilidad.
En la práctica, esto significó un cambio radical para los directores de fotografía y los directores. De repente, un episodio podía durar 37 minutos o 68; lo que importaba era la historia, no los cortes publicitarios. La producción se liberó de la serialidad episódica. Se filmaba de manera diferente: tomas más largas, iluminaciones más complejas, porque no se podía contar con la frecuencia de corte para las pausas publicitarias. Series como Breaking Bad, The Sopranos (el modelo a seguir), y más tarde Succession demostraron: esto es narrativa cinematográfica que, por casualidad, se extiende a lo largo de 10, 8 o 6 episodios. La relación presupuesto-realidad se desplazó radicalmente hacia arriba: los proveedores de streaming invirtieron presupuestos de cine en producciones televisivas.
El término en sí se ha vuelto autocrítico. Peak implica: después de esto, todo va cuesta abajo. De hecho, la avalancha de series (a menudo mediocres) ya ha ocurrido. Los servicios de streaming saturan el mercado, cancelan después de una temporada porque las métricas no encajan. Sin embargo, el prestigio cultural de la serie no ha disminuido, más bien al contrario. Pero la fase en la que cada nueva serie era percibida como una obra maestra potencial ha terminado.
Para la práctica de los cineastas, lo decisivo sigue siendo: Peak TV ha igualado la cualificación técnica y estética para la serie y el cine. Hoy en día, un director de fotografía debe poder trabajar para ambos, y las diferencias son más contractuales (días de rodaje, presupuesto de postproducción) que creativas. La lógica del episodio todavía existe, pero ya no se percibe como una imposición formal. Ese es el cambio duradero.