Agencia de propaganda estadounidense en IIGM (1942–1945) — controlaba producción fílmica y mensajes públicos. Moldeó fundamentalmente el cine de Hollywood.
La maquinaria de propaganda de guerra estadounidense entre 1942 y 1945 no funcionó mediante decretos, sino a través del control sutil de las materias primas: película virgen, permisos, acceso a distribuidores. La Oficina de Información de Guerra se infiltró en las salas de montaje y en las reuniones de guionistas, sin estar físicamente presente. Quien quisiera rodar en Hollywood una película sobre obreros, soldados o el frente interno, conocía las reglas del juego: se solicitaba la opinión de la OWI antes de que sonara la claqueta. El rechazo no significaba una prohibición, sino prácticamente el fin de la financiación.
La agencia estaba organizada de forma descentralizada y genial: la Oficina de Cinematografía en Los Ángeles trabajaba directamente con los estudios, daba indicaciones sobre guiones, exigía reescrituras de escenas o paradas completas de producción. Un director que mostrara los esfuerzos bélicos de forma demasiado crítica o presentara a los aliados soviéticos de forma demasiado positiva, aprendía rápidamente que el próximo proyecto sufriría presiones de financiación. No era una presión abierta, sino una realidad del mercado, y Hollywood colaboraba. Estudios como Warner Bros. o MGM empleaban a personas de enlace de la OWI que participaban en cada desarrollo de la historia.
El efecto práctico fue un vocabulario cinematográfico completamente nuevo: el protagonista masculino se convirtió en un trabajador o soldado patriótico, las figuras femeninas en colaboradoras de la producción bélica (véanse las películas de Rosie the Riveter). Los conflictos dentro de la sociedad se minimizaban, las tensiones étnicas se resolvían en narrativas de crisol. El color Technicolor también se utilizó de forma específica: América debía parecer brillante, esperanzadora, inquebrantable. Los documentales y los noticiarios estaban aún más regulados; aquí la OWI no era asesora, sino cliente directa.
Después de 1945, la OWI desapareció y su personal se encontró en estudios, agencias de noticias o estructuras similares a la CIA. El modelo de control estatal integrado, tan sutil que no se percibe como censura, marcó el cine de la Guerra Fría. Quien mira estos años hoy, no ve propaganda primitiva, sino un sistema sofisticado en el que el beneficio y el interés político no se contraponían, sino que coincidían.