La perspectiva narrativa del film — quién o qué cuenta la historia. Puede ser invisible, encarnada o ambigua.
Te das cuenta en cada set si la historia te pertenece a ti o a alguien más. Esa es la instancia narrativa: la mano invisible que decide qué ves, qué sabes, cuándo lo sabes. En el set rara vez te preguntas esto de forma tan explícita. Pero en la sala de montaje, al editar, al añadir una voz en off o al decidir si el movimiento de cámara sigue la mirada de un personaje o es independiente de ella, entonces estás trabajando concretamente en esa instancia.
Clásicamente, esto funciona de forma invisible. La cámara te muestra el mundo, nadie te habla al oído y olvidas que alguien está contando algo. Esa es la instancia narrativa más extendida en el largometraje: la llamada tercera persona objetivada. Ves lo que la dirección quiere que veas, pero la instancia narrativa permanece oculta tras el aparato. Esto funciona tan bien porque se siente natural. Como espectador, no te sientes interpelado, sino inmerso en un mundo.
Tan pronto como una voz entra en off, ya sea el flujo de pensamientos de un personaje, el diario de un muerto o un narrador autorial que comenta, la instancia narrativa se encarna y, por lo tanto, se vuelve cuestionable. Esa voz tiene una posición, a menudo también una agenda. No confía del todo en ti, tiene que explicarte lo que debes ver. Esto es dramáticamente poderoso, pero también puede distanciar al espectador si no está claro por qué es necesaria esa voz narrativa. En la sala de montaje, te das cuenta rápidamente si la voz en off sostiene la historia o si solo dice lo que la imagen ya muestra: la redundancia es el enemigo de las buenas instancias narrativas.
La instancia narrativa no fiable —el narrador no fiable— es la variante en la que activamente no sabes en quién puedes confiar. La cámara sigue la mirada de un personaje que está confundido. La voz en off te miente deliberadamente. Esto hace que la historia sea impredecible y obliga al espectador a trabajar activamente. Como director de fotografía o editor, debes decidir de forma muy consciente: ¿Me quedo con este personaje, aunque no sepa lo que está haciendo? ¿O hay un corte en el que la cámara se emancipa de él?
La elección de la instancia narrativa determina la cercanía emocional con el material. La cámara subjetiva y la perspectiva en primera persona te convierten en el personaje. La observación objetiva y neutral te convierte en el espectador. Y todo lo que está entre medias debe ser diseñado conscientemente.