Combinación de al menos dos formatos de medios — vídeo, audio, texto, gráficos, animación en un proyecto. Término anticuado; uso moderno: narrativa multiplataforma.
El término oscila entre categoría teórica y anacronismo práctico. Lo que antes se consideraba innovación —vídeo y audio juntos, además de texto y gráficos— es hoy la base. En el set te das cuenta de inmediato: ya no filmas solo para el largometraje. Paralelamente, se producen clips para redes sociales, contenido "detrás de cámaras" y elementos interactivos para plataformas de streaming. Esto es producción multimedia en el sentido moderno, aunque casi nadie use ya la palabra.
Históricamente, multimedia era un marcador de ambición —por ejemplo, los videoclips de los años 80 con superposiciones gráficas o los primeros proyectos de CD-ROM que combinaban texto, vídeo y animación. Quien dominaba eso, se consideraba técnicamente competente. Hoy es un oficio estándar. Cada película digital es, de facto, multimedia: trabajas con corrección de color (nivel visual), diseño de sonido (nivel acústico), títulos y gráficos (nivel informativo). Los límites se han vuelto permeables.
La utilidad práctica reside ahora en otro lugar: el pensamiento multiplataforma es lo que realmente significa multimedia. Planificas una campaña no para un medio, sino para varios a la vez: cine, televisión, YouTube, TikTok, instalación de RV. Los contenidos deben adaptarse, la narrativa varía. Una versión de 2 minutos del film se convierte en un clip social de 30 segundos, en un sitio web interactivo, en una serie de podcasts. Esto requiere un pensamiento modular en el guion y el montaje —algo que antes se llamaba "multimedia", pero que hoy se llama "producción inteligente".
En la gestión de proyectos, se distingue entre monformato (todo para cine) y enfoque multimedia (múltiples formatos de salida desde el principio). El segundo es más laborioso, pero más económico si el presupuesto es limitado. Filmas de forma más condensada, reutilizas activos digitales varias veces, produces variantes en lugar de contenido completamente nuevo. Esto ahorra tiempo en postproducción y multiplica el alcance. Quien no calcula esto, pierde rápidamente relevancia —los espectadores están en todas partes, no solo en el cine.