Subgénero de cine de aventuras ligero de los 50–60, rodado en localizaciones exóticas con canciones y romances. Evasión turística para espectadores de sofá.
Las décadas de posguerra necesitaban ligereza en el cine, y la industria cinematográfica se la proporcionó. Mientras que las películas del género "Heimatfilm" (cine de la tierra) solían ambientarse en cabañas de montaña o pueblos de la Selva Negra, en los años 50 surgió una variante que dirigía la mirada hacia el exterior: playas exóticas, ciudades costeras del sur, puertos italianos o españoles se convirtieron en el telón de fondo de historias que tenían menos que ver con la tradición que con el sueño de escapar. El "Urlaubsfilm" (película de vacaciones) funcionaba como un deseo proyectado, convirtiéndose el cine en un catálogo de posibilidades para un público que apenas podía viajar.
Estructuralmente, este tipo de cine se diferenciaba del "Heimatfilm" clásico por su ligereza. Aquí no importaban la granja heredada ni el destino familiar, sino enredos amorosos superficiales, confusiones, números musicales. La cámara se interesaba por el agua, la luz del sol, los trajes de colores, contrastes visuales con la vida cotidiana gris. Un número musical en una taberna portuaria podía paralizar completamente la trama sin que importara; la película era un pretexto para escenas de baile y canciones populares. Directores como Kurt Hoffmann o Peter Beauvais apostaron por esta fórmula: actores conocidos con trajes claros, actrices secundarias en trajes de baño, comedias de enredos absurdas como esqueleto de la trama. Las tomas exteriores a menudo se realizaban en lugares reales —Venecia, la Riviera francesa, Marruecos— pero siempre falseadas con el brillo artificial del decorado de estudio, el sol real intensificado con reflectores.
Lo que diferenciaba al "Urlaubsfilm" del cine de aventuras: nunca se trataba de un peligro real o de una confrontación cultural. Los escenarios exóticos permanecían como fondos decorativos, intercambiables, sin peso propio. Un italiano en estas películas no era un personaje, sino un rol: atractivo, temperamental, rápido de movimientos. En el set, los días de rodaje en el sur de Francia podían parecer caóticos, pero el montaje convertía todo en una especie de secuencia de postal: dulzona, artificial, consumible.
El género desapareció rápidamente. Tan pronto como el turismo de masas se convirtió en realidad y la televisión llegó a los salones, la fantasía de escape en la pantalla perdió su atractivo. Lo que queda es un hueco entre el "Heimatfilm" y el cine de aventuras, y una prueba de que el cine en la posguerra fue, sobre todo, una cosa: una compensación por lo que la realidad no ofrecía.