Género de finales 60s/principios 70s — estética contracultural, montaje psicodélico, narrativa anti-establishment. Easy Rider y Zabriskie Point marcan el estilo.
Los finales de los años sesenta dieron lugar a un lenguaje cinematográfico que se diferenciaba del Hollywood clásico tanto visual como narrativamente, no por razones formalistas, sino por una necesidad ideológica genuina. Estas películas hablaban el idioma de su tiempo: fragmentado, psicodélico, anti-lineal. No mostraban el mundo como debería ser, sino como una generación lo percibía realmente: distorsionado, contradictorio, embriagado por sus propias posibilidades.
Técnicamente, el género funciona a través de estrategias de montaje específicas. Secuencias de corte rápido, *jump cuts*, imágenes superpuestas, no como recursos estilísticos por sí mismos, sino como una correspondencia directa de estados de conciencia. Un diálogo se interrumpe con saltos de imagen asociativos. La música no se sitúa debajo de la imagen; es una instancia narrativa de igual valor, a menudo más dominante que la información visual. En el set, esto significa: la cámara se maneja a mano alzada, el temblor no se debe a un error técnico, sino a una intención artística. La iluminación trabaja con luz natural disponible, efectos artificiales, filtros de color psicodélicos, todo para minimizar la distancia entre el espectador y la experiencia subjetiva.
El núcleo narrativo permanece deliberadamente poco estructurado. Un viaje sin destino claro. Una aventura que parece documentada de forma fragmentaria. El guion no sigue las leyes clásicas de la trama; divaga, se estira, se repite. Las escenas no tienen una exposición funcional; existen porque esa vida está compuesta de tales momentos. Esto hace que la dramaturgia sea compleja: sin una aguda intensificación del conflicto, puede surgir el aburrimiento si los actores no irradian una especie de intensidad de presencia que soporte la falta de acontecimientos.
En el montaje, se trabaja con material que se resiste conscientemente a la continuidad clásica. El *match-on-action* funciona cuando funciona; los saltos son una característica, no un error. La corrección de color tiende a la sobreexposición, a las dominantes de color, no a la controlabilidad visual del cine clásico. Esta estética se considera anticuada hasta que deja de serlo; se ha renovado varias veces porque la fascinación por la distorsión de la percepción subjetiva sigue siendo atemporal.