Gafas polarizadas que sincronizan con proyección dual 3D — cada lente recibe flujo de imagen diferente. Estándar previo a sistemas de obturador activo.
Las gafas de polarización fueron durante mucho tiempo la solución estándar para la proyección 3D en el cine: una herramienta simple pero efectiva para mostrar a cada ojo imágenes diferentes en el momento adecuado. El principio: dos imágenes superpuestas se proyectan en la pantalla con diferente dirección de polarización. Las lentes de las gafas filtran esta polarización, de modo que el ojo izquierdo solo ve la imagen destinada a la posición izquierda, y el ojo derecho solo ve la suya. Esto funciona con una frecuencia de actualización de imagen lo suficientemente rápida como para que el ojo la perciba como continua, de ahí el término "parpadeo" (flicker).
En la práctica en el set, esto significa que necesitas equipos de proyección especiales que puedan reproducir estas imágenes 3D polarizadas. Las gafas en sí son pasivas, sin baterías ni electrónica activa, lo que las hace baratas y robustas. La desventaja es obvia: el brillo disminuye significativamente debido a los filtros de polarización. Se pierde aproximadamente el 50% de la luz por ojo. Los movimientos de cabeza del espectador también pueden provocar diafonía (crosstalk), si los planos de polarización no están alineados con precisión, se ven imágenes fantasma. Y en ángulos de visión oblicuos, el sistema colapsa.
Históricamente, las gafas de polarización fueron el caballo de batalla de la era 3D de la década de 1950 y experimentaron un renacimiento a partir de 2009, especialmente en los cines IMAX 3D. La gran ventaja frente a las gafas activas de obturador (ver allí): sin problemas de sincronización, sin electrónica costosa en las propias gafas. Sin embargo, hoy en día las gafas 3D activas se están imponiendo cada vez más porque ofrecen un mejor brillo y calidad de imagen, siempre que la proyección sea absolutamente estable.
Para las producciones filmadas específicamente para 3D con gafas de polarización, la frecuencia de imagen debía calcularse con precisión. El cine a 24p a menudo se aumentaba a 48p o, alternativamente, se entrelazaban dos flujos de 24p. La sincronización correcta era crucial; los errores provocaban imágenes parpadeantes o desfasadas. Esto es artesanía: cada cine, cada proyector tenía ligeras variaciones. El director de fotografía debía conocer estos límites técnicos y tenerlos en cuenta en la calibración del color y el contraste.