Película de no-ficción sin guion — eventos reales, personas auténticas, situaciones espontáneas. Montaje y narración cuentan la historia.
Estás en el set y no tienes actores, ni guion, ni marcas en el suelo. En cambio, observas a personas reales en situaciones reales: eso es documental. La diferencia con la ficción no reside solo en la ausencia de guion, sino en el enfoque fundamental: la historia no se crea de antemano en el papel, sino mientras filmas y más tarde en la edición.
En la práctica, esto significa concretamente: necesitas más paciencia y material. Donde en una película de ficción una escena se filma en tres tomas, en un documental te mueves durante horas, esperando el momento en que suceda algo auténtico. La cámara a menudo sigue grabando porque no sabes cuándo llegará la mirada decisiva o la reacción espontánea. Esto requiere una técnica de cámara diferente: más estable, menos móvil por lo general, o por el contrario: ultra-móvil y reactiva, según el estilo. El trabajo con cámara en mano es aquí la norma, no un efecto.
La narración se construye en el montaje. Mientras que en la ficción el corte implementa la intención planificada, el editor de documentales construye la historia a partir del material, a través de la secuencia de imágenes, el ritmo de corte y a menudo mediante voz en off o música. Esto no está menos diseñado que el cine de ficción, solo que es posterior. Algunos lo llaman deliberadamente cine de montaje: el significado surge de la combinación de imágenes, no de las imágenes en sí.
Técnicamente, aquí también deberías pensar de manera diferente: tomas más largas, menos cortes por minuto, encuadres más amplios. El público debe tener tiempo para captar la situación e interpretarla por sí mismo. Especialmente en la observación a largo plazo (estilo Vérité, véase allí) trabajas con una intervención mínima: sin efectos de iluminación, luz natural, sonido lo más crudo posible. Esto no es pereza, sino método: cuanto más transparente sea la cámara, más creíble será la autenticidad.
A veces también ves documentales más estructurados, donde se mezclan entrevistas, material de archivo y observación. Aquí el sonido se convierte en el eje: las declaraciones construyen la conexión, mientras que las imágenes ilustran o contradicen. Esto está más cerca del oficio clásico del documental y requiere una planificación más precisa, aunque todavía no se produzcan actuaciones.