Sistema de 70mm con principios de captura estereoscópica — usado en documentales y películas educativas de la RDA. Profundidad pronunciada por captura de doble lente.
El sistema trabajaba con dos cámaras de 70 mm sincronizadas, cuyos objetivos estaban separados a la distancia interpupilar (aprox. 65 mm). Esto creaba, durante la proyección —a través de gafas adecuadas o pantallas especiales—, un efecto de profundidad estereoscópica real que imitaba de forma natural la visión humana. En la práctica del cine documental de la RDA, el procedimiento era especialmente relevante para películas científicas e industriales, donde la autenticidad espacial debía sumergir al espectador directamente en la acción.
El desafío técnico radicaba en la sincronización precisa de ambas cámaras; cualquier desviación en la velocidad de fotogramas provocaba dolores de cabeza y fatiga en el espectador. En el set, esto significaba: una supervisión estricta del transporte de la película, una calibración exacta de los ejes de los objetivos y un sistema de sincronización robusto que resistiera incluso en condiciones de rodaje difíciles. Especialmente en documentales en fábricas o escenas de minería, donde acechaban las vibraciones, esto era una función de control constante. La exposición debía ser idéntica en ambas cámaras; ningún posprocesamiento del tiempo podía corregir posteriormente diferencias asimétricas de brillo sin destruir el efecto estéreo.
El material negativo era costoso y el rollo de película por cámara era el doble de largo que el necesario para tomas mono. Esto llevaba a una planificación consciente: tomas más largas, menos desperdicio, preparación precisa. A diferencia de los procedimientos digitales 3D posteriores —donde se podía jugar con la convergencia y la distancia interaxial—, Deltavision 70 era un sistema analógico y rígido. Lo que se grababa ópticamente estaba fijado. Los ajustes estéreo posteriores eran mínimamente posibles.
La proyección requería cines especializados con tecnología de polarización o anaglifo. Esto limitaba considerablemente la reproducibilidad, una razón por la que el formato desapareció gradualmente después de la década de 1980. Pero para películas de formación, exposiciones y documentales de alta calidad, el efecto inmersivo era insuperable. El esfuerzo se justificaba allí donde el medio mismo formaba parte del mensaje: exploración espacial, arqueología, procesos técnicos complejos.