Teoría psicoanalítica: central = enfoque inconsciente en objeto/trauma; acéntrico = múltiples focos difusos sin jerarquía. Explica la percepción fragmentada en cine.
La distinción entre imaginación central y azentral proviene de la teoría psicoanalítica del cine y describe dos modos fundamentalmente diferentes en que el inconsciente produce imágenes. En la imaginación central, la percepción se condensa en torno a un único núcleo —un trauma, un objeto de deseo, un recuerdo obsesivo— y todo lo demás se subordina a este foco. En la imaginación azentral, en cambio, existen múltiples puntos focales de igual rango sin jerarquía; las imágenes se dispersan, permanecen fragmentarias y contradictorias. Esta terminología proporciona un modelo explicativo para el lenguaje visual surrealista o disociado que se utiliza estructuralmente en ciertas corrientes cinematográficas, desde el expresionismo hasta el horror moderno.
Imaginación Central: El Cine como Síntoma
Un ejemplo clásico es Vértigo (1958) de Hitchcock: la imaginación obsesiva de Scottie gira exclusivamente en torno a Madeleine/Judy, y todos los demás elementos visuales se subordinan a esta fijación. La cámara se convierte en el instrumento de una mirada centralizada —el dolly zoom visualiza literalmente el vértigo del protagonista como una distorsión de la percepción en torno a un centro. También Terciopelo azul (1986) de Lynch trabaja con la imaginación central cuando Jeffrey encuentra la oreja cortada y, a partir de ahí, toda la acción se dirige a la resolución de este único núcleo de imagen. En la escritura de guiones, la imaginación central se corresponde con la clásica trama impulsada por el personaje (character-driven plot): un conflicto interno estructura la acción externa.
Imaginación Azentral: La Dispersión como Forma
Inland Empire (2006) de David Lynch es una lección magistral de imaginación azentral: ningún núcleo de imagen al que se subordinen los demás; en su lugar, un caleidoscopio de dobles, planos temporales y paradojas espaciales. También El espejo (1975) de Tarkovski organiza sus imágenes de forma azentral: recuerdos, sueños y material documental conviven en igualdad de condiciones, sin que ninguna jerarquía guíe al espectador. En la sala de montaje, la imaginación azentral significa: sin jerarquía de montaje, sin un plano de establecimiento (establishing shot) que domine los planos subsiguientes —cada imagen reclama su propia urgencia.
Para la Escritura de Guiones y la Dirección
La elección consciente entre imaginación central y azentral no es una decisión teórica abstracta, sino una cuestión de diseño concreta. Un guion que permanece demasiado tiempo en el modo central resulta sobredeterminado —todo gira en torno a un conflicto que el espectador ya ha descifrado. Una película azentral sin ningún foco, en cambio, corre el riesgo de la arbitrariedad. Las obras tardías de Godard equilibran conscientemente esta cuerda floja, como en Nuestra música (2004), que oscila entre tres registros narrativos débilmente conectados. El consejo práctico para los guionistas: si una escena se bloquea, comprueben si está construida accidentalmente de forma azentral cuando necesitaría un foco, o viceversa.