Crítica cinematográfica japonesa años 60 para cine comercial sin pretensión política — entretiene sin cuestionar. Opuesto al cine de autor.
En la crítica cinematográfica japonesa de los años 60, surgió un término polémico para ese cine comercial de gran consumo que se apartaba deliberadamente de la reflexión política. El cine burgués —la etiqueta tenía una connotación peyorativa— describía el cine como mercancía de entretenimiento para una clase media en crecimiento: producciones pulidas, historias agradables, sin fricciones ideológicas. Los críticos (principalmente teóricos en torno a la revista Kinema Junpo) contraponían a este cine el cine de autor —obras de directores como Ozu u Oshima, que se tomaban en serio su responsabilidad social.
La diferencia práctica residía en el lenguaje cinematográfico mismo. Un cine burgués trabajaba con ritmos de montaje clásicos, música emocional, patrones de corte predecibles —todo diseñado para cautivar al público de manera agradable, sin perturbarlo. Ni planos estáticos largos, ni malestar a través de la composición de la imagen. El montaje servía a la claridad, no a la irritación. En el set significaba: comodidad para la cámara y la iluminación, lógica narrativa lineal, escenarios que el ojo lee inmediatamente.
Para un director de fotografía de la época, la distinción era concreta: el cine burgués te permitía trabajar de forma segura. Iluminación de tres puntos, composiciones simétricas, profundidad de campo que lo muestra todo. Lo contrario —las obras artísticas— exigía valentía: luces sombrías, encuadres irritantes, desenfoque como recurso dramático. En Oshima, por ejemplo, cada encuadre era un debate; en una película de estudio, era una ventana.
Hoy, la categorización parece históricamente sospechosa —era de lucha de clases y rápidamente demasiado generalizada. Muchas "películas burguesas" de esa época muestran retroactivamente un trabajo psicológico sutil. Sin embargo, como concepto, sigue siendo útil: nos recuerda que la forma cinematográfica siempre expresa también una actitud. El cine de gran consumo que se presenta deliberadamente apolítico es, sin embargo, político, solo que afirmativo en lugar de crítico.