~4.000 píxeles de ancho (4096 × 2160 o 3840 × 2160 UHD) — cuatro veces Full HD. Estándar de cine y streaming premium.
Cuatro mil píxeles de ancho: ese es el listón a partir del cual hablamos de 4K real. En el set, esto significa concretamente: filmas con aproximadamente 4096 × 2160 (DCI 4K, el estándar de cine) o 3840 × 2160 (UHD, para streaming y broadcast). Esto es cuatro veces la cantidad de píxeles de Full HD, y sí, se nota el aumento de nitidez, pero solo si la óptica, el sensor y la iluminación acompañan. Una cámara 4K barata con lentes de mala calidad vale rápidamente menos que una grabación 2K con cristal de alta calidad.
La parte práctica: Grabar en 4K significa tres cosas a la vez: almacenamiento, potencia de procesamiento y planificación del flujo de trabajo. Una hora de material 4K (dependiendo del códec y la tasa de bits) consume entre 600 y 2500 gigabytes. Necesitas varios discos duros externos en el set, rutinas de copia de seguridad rápidas y un DIT que lo supervise todo. Luego, en la edición: los proxies no son una cuestión de lujo, sino de supervivencia. Quien edita material 4K en resolución completa en la línea de tiempo, espera más al ordenador que a la inspiración. Muchos editores trabajan con proxies de 1080p generados a partir del original de la cámara: la edición fluye sin problemas y, al conformar, se carga la resolución completa.
Detalle técnico: La diferencia entre DCI 4K (4096 × 2160) y UHD (3840 × 2160) es pequeña, pero relevante. DCI es el formato de cine real: relación de aspecto 17:9, y todos los grandes estudios lo exigen. UHD es más ancho (16:9) y se ha impuesto en el ámbito del consumidor y en el streaming. Netflix hoy en día graba casi todo en 4K, porque la compresión funciona mejor y los requisitos de tasa de bits disminuyen si empiezas con la resolución nativa; esto no es purismo, es economía.
Expectativa realista: El 4K solo merece la pena si luego vas a editar y etalonar, y si el monitor y el ojo del espectador pueden resolverlo. Un vídeo de smartphone en 4K en un televisor de 55 pulgadas a 3 metros de distancia es ópticamente un animal diferente que en la pantalla de cine. Para documentales y producciones más pequeñas, 2K suele ser suficiente, cuesta menos y requiere menos infraestructura. Sin embargo, para quienes graban para cine o streaming premium, el 4K es ineludible; ese es el valor esperado hoy en día.